Fue gracias al empeño, laboriosidad y magnanimidad del doctor Max Peralta, que el hospital emergió cual Ave Fénix de sus escombros. El doctor Peralta aportó parte significativa del dinero necesario para la construcción e implementación del hospital al cual se le dotó de los equipos médicos más avanzados de la época.
Dirigió personalmente la construcción de los salones de enfermos y cirugías, poniendo en práctica los conocimientos adquiridos en los Estados Unidos, aplicando el modelo inglés de hospital que consistía en pabellones separados (según enfermedades) y rodeados de jardines.
La fachada del edificio se levantó sobriamente sobre la avenida sétima. La entrada estaba al centro de la cuadra, por donde ingresaban los empleados, las visitas, los enfermos y las emergencias. A sus lados se continuaba con dos módulos de madera que guardaban simetría. En estos módulos entrando hacia la izquierda, se encontraba el área administrativa, admisión, estadística, contabilidad y algunos consultorios. Hacia la derecha estaba ubicada la sala de curaciones, una sala para servicio de emergencias, el servicio de rayos X. En la parte central se ubicaron el salón de sesiones, y a un costado, el salón de enyesado. Completaban el frente, jardines en ambos lados rodeados por un seto, el que posteriormente fue sustituido por una verja de hierro, sobre un muro de cemento.
Fuente: Mata J. Monografía de Cartago, Pág. 697, 1999. (Reproducido con permiso) |
En cada salón había espacio para dos filas de seis catres altos y anchos.
En la entrada de cada pabellón se construyeron dos habitaciones (o pensiones de segunda). En cada salón había baño, servicio sanitario y estación de enfermería.
El número de camas alcanzó un monto aproximado de unas noventa, distribuidas en seis salones, (tres de medicina de mujeres, tres de medicina de hombres) y un salón de maternidad, construido éste con material donado por el Gobierno de don Francisco Aguilar Barquero (1919-1920), que consto de cuarenta barriles de cemento y cien atados de hierro para techo;
25 000 aportados por la junta de la Caridad y otro monto donado por el Club Fémina de Cartago.
Los salones antes mencionados eran destinados a los enfermos pobres y se denominaron salones de caridad. (Valle, 1975. Pág.12)
Se conoce que durante este período y debido a la carencia de enfermeras,
las personas contratadas como misceláneas lo mismo aseaban los salones y los corredores, que ponían inyecciones o sueros y cuidaban enfermos.
Se construyó un módulo de madera para pensionistas (llamados de primera y denominado luego Laurita Peralta), que constaba de cuatro habitaciones, separadas por un zaguán central. Está pensión fue construida, dando uno con su servicio de agua caliente, baño, lavatorio y sala de estar.
Los corredores estaban bordeados de jardines o áreas verdes. Esta situación permitía que durante el día hubiese mucha ventilación y luz, pero en las noches se tornaban fríos, lúgubres y ventosos.
Su primer director fue el doctor Maximiliano Peralta, que dirigió la institución hasta la fecha de su muerte.
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