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"Tan precaria fue la situación del Hospital a finales del siglo XSVIII, que no podía competir con el famoso médico Esteban Corti, cuyas curaciones eran tan notables, que a nadie se le ocurría visitar el abandonado hospital." (Fernández, 1980, Pág. 81)
En 1972 ante el alejamiento de Fray Bancos, quien abandona el país en 1794, asumió la dirección otro fraile misionero llamado Fray Agustín Núñez.
La falta de apoyo hacia el naciente hospital por parte de la Real Audiencia de Guatemala de la cual nunca se recibió la cuota de Tesorería de Nicaragua, como se indicó anteriormente y la promesa del envío de dos religiosos más de la Orden de San Juan de Dios, cosa que no se realizó, hizo que los propósitos de continuación de la obra fueran cada vez más difíciles, especialmente a partir de 1799, cuando los religiosos abandonan el hospital y se alejan de la provincia, dando por finalizado el primer intento serio de la apertura de esta casa de salud.
Siendo obispo, Monseñor José Antonio de la Huerta Caso, visualizo una forma para allegar fondos a la institución hospitalaria gravando de 200 a 300 pesos anuales a aquellos curatos solventes, además de "las limosnas de los fieles y de los sacerdotes de buenos medios." (Blanco, 1967, Pág. 247) En el año 1800,
"... los esfuerzos para reanudar las labores del hospital, reparar o de ser posible hacer el edificio nuevo, continuaron por parte del ayuntamiento de Cartago y los vecinos de distintos lugares del país; la obra fue perdiendo mucho con le tiempo, especialmente por el retiro especialmente por el retiro de los padres de San Juan de Dios que cuidaban de ella." (Blanco, 1967, Pág. 247)
Los habitantes de Cartago apoyados por el Gobernador don Tomás de Acosta, (1796-1812) quien se desveló por el bienestar de la provincia, con especial caridad con lo concerniente a la salud pública, de la cual informan los vecinos que "ha tratado de evitar la propagación del mal de Lázaro con un lazareto que no tuvo efecto por falta de fondos; por haber propagado la vacuna y por su desinterés y caridad visitando a los enfermos y regalándoles las medicinas que hacía venir desde Guatemala por no haber botica en Costa Rica." (Fernández, León. 1975. Pág. 225)
Continuaron las gestiones para reabrir el hospital y es así como en 1814 se le comunicó a la Real Audiencia de Guatemala que ya se contaba con un establecimiento con todos los departamentos necesarios, tanto para el médico y cirujano, como para los departamentos para enfermos pobres y que el servicio sería atendido por medio de limosnas. Pero no había ni médico, ni personal, ni medicinas para aquella institución. (Incera, 1978; Blanco, 1967)
La preocupación, de vecinos y del gobernador, respondía además, a ciertas órdenes reales (1804), concernientes a higiene y salud relativas a la ingestión de aguas medicinales sin prescripción médica, sobre el tratamiento del sarampión y vacunación de la viruela que manifestaban necesidades de atención a pacientes en lugares apropiados, ya que como en el caso del sarampión, a las embarazadas que morían, había que practicarles la operación cesárea antes de enterrarlas. (Barrionuevo, 1980. N.1 Pág. 11-15 ) |
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Con algunas contribuciones que dieron vecinos de Cartago, con el apoyo del Gobernador Juan de Dios de Ayala, (1812-1819) y la visita que hiciera el obispo de Nicaragua, Fray Nicolás García Jerez en 1815, "... quien se distinguió por el interés manifestado hacia todo lo relativo a la beneficencia pública. Así lo vemos en su intento de realizar los proyectos del Obispo de Tristán, para volver a abrir el hospital que había sido cerrado por los fines ya expuestos." (Incera, 1978. Pág. 19)
Se le encomendó al presbítero Nicolás Carrillo quién tenía a su cargo el curato de Esparza y Bagaces y poseía una hacienda ganadera en esta última población, la compra de otra en el mismo lugar, con el propósito de aumentar el capital, para construcción del hospital. (Incera; Fernández, León, 1975)
Esta hacienda ganadera, perteneciente a la Obra Pía de San Juan de Dios, manifiesta una contabilidad a partir de 1835. (Lowell, 1978. Págs.81-82) Las rentas de dicha finca, así como las limosnas y las donaciones, servían además para mantener el asilo de leprosos de Cartago. (Lowell, 1978, Pág. 91)
El destino de la hacienda así como del capital que generó su venta son un poco confusos. No obstante, la contabilidad del cuaderno de "cuentas" de dicha hacienda, ha permitido hacer un análisis valioso del proceso de apropiación de la tierra guanacasteca por parte de vecinos del valle intermontano, durante la colonia y en los primeros albores de la Independencia. (Lowell. 1978, Págs.111-125)
La propuesta del Obispo Nicolás García Jerez, de unirse para establecer un hospital, tuvo muy buena acogida. De inmediato convocó a una junta de vecinos destacados de Cartago y los indujo a que se interesaran de nuevo por establecer un centro de beneficencia hospitalaria bajo el mismo nombre de San Juan de Dios.
La organización de la comunidad por parte del Obispo con un grupo de personas importantes de la ciudad, para ayudar a aquel hospital recién creado, parece ser los inicios de la Hermandad de la Caridad de Cartago, grupo de apoyo y protección a las instituciones, especialmente las que tenían que ver con la caridad. (término utilizando para nominar acciones encauzadas hacia los pobres e indigentes) La hermandad de la Caridad se encargaba de nombrar por un período de años a los miembros de la Junta de Caridad de entre sus asociados. (Valle, 1975)
Esta junta de Caridad es antecesora del organismo que posteriormente llegó a construirse en la Junta de Protección Social de Cartago en 1936 y bajo cuyo amparo estuvo el hospital Max Peralta hasta el 15 de febrero de 1976.
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